¿La Culpa es del Merccado? Culpa a los Inversores

En ocasiones los inversores culpan al mercado de sus malos resultados. No podemos negar que en ocasiones los merados pasan por situaciones complicadas, algunas veces previsibles, como pueden ser recesiones económicas, y en otras ocasiones estos momentos difíciles se escapan al control de los inversores: un desastre, una guerra, o unas elecciones con un resultado incierto. Sin embargo, estas situaciones son las que menos incidencias, porcentulamente hablando, son las que tienen en el resultado de una cartera. La acumulación de pérdidas, en la mayor parte de las ocasiones, están originadas en las malas decisiones que se toman, en vez de las fuerzas invisibles que mueven el mercado, y a las que se suele hacer mención... esas manos oscuras que mueven los mercados con la intención de enriquecerse...pero que nadie sabe muy bien a ciencia cierta quienes son.

Seguir a la multitud

Los seres humanos somos propensos a la mentalidad de rebaño, sólo necesitamos que alguien se erija como líder en una situación desesperada, que todo el mundo le seguirá, incluso a sabiendas de forma individual que están tomando la peor decisión posible. En ocasiones podemos tener muy clara nuestra postura, pero si todo el mundo a nuestro alrededor toma una postura contraria, seguro que nos harán dudar de nuestra postura, por muy razonada que sea y muy seguros que estemos de nuestra postura. Esta situación, extrapolada a los mercados financieros, suele producir los pánicos compradores y vendedores: Pánicos compradores. En el mercado hay muchas situaciones en la que si algo suena demasiado bueno para serlo, probablemente es que sea cierto. Cuando el mercado parece subir desafiando la ley de la gravedad, es cuando más pequeños inversores se suman al mercado, empujados por la sensación de que se están perdiendo algo, y tomando evidentemente la peor de las decisiones, comprar en un mercado en máximos. Pánicos vendedores. Este es el síndrome del fin del mundo, y es cuando venden también los pequeños inversores, pensando que el mercado ya no se recuperará nunca. Es habitual que el pequeño inversor venda, cuando debería estar tomando la decisión de comprar, precisamente por que el riesgo es mucho más bajo, que hacerlo en los máximos de mercado.

Controlar lo incontrolable

El riesgo forma parte de la inversión, y tenemos que saber que no podemos controlar todo, a pesar de muchos estudios que hagamos, siempre nos podemos encontrar con casos de “ingeniería contable”, como ocurrió en Pescanova en España, o Enron en EE.UU. La única forma de protegerse ante estas situaciones, es diversificar adecuadamente, y que ninguna posición de nuestra cartera, ponga en riesgo real todo nuestro dinero.

Aversión a las pérdidas

Una de las grandes ironías de la inversión, es que los inversores son reacios al riesgo cuando están ganando, mientras que aman al riesgo cuando están en pérdidas. También es aplicable a las decisiones de alto riesgo, cuando te saltas todas las reglas de la prudencia, lo más probable es que el mercado no te recompense, sino que pierdas mucho dinero en el intento. No hay que dejar que el orgullo nos impida vender nuestras posiciones perdedoras, y el miedo nos obligue a vender nuestras posiciones ganadoras.

Ciegos por proximidad

Los inversores tienden a valorar más positivamente las empresas que conocen, y que forman parte de su entorno o su país, cuando en realidad en el mundo hay miles y miles de empresas en las que invertir, y que nos están dando oportunidades de inversión todos los días. Lo importante cuando invertimos no es la familiaridad, es el valor. Cuando invertimos en empresas nacionales, debemos examinarlas tan detenidamente como lo haríamos con una empresa extranjera, en realidad debemos examinar con detenimiento todas nuestras inversiones, si queremos tener éxito.

Conclusión

Los seres humanos somos propensos a la mentalidad de manada. Si somos capaces de reconocer lo que está haciendo la manada, y pensar de forma racional, seremos menos propensos a dejarnos llevar por la estampida cuando se dirige al precipicio.

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